Luis Catalán es un empresario y activo dirigente del peronismo en Chubut, con base política en la ciudad de Puerto Madryn. Es uno de los que se posicionan del lado de Movimiento Derecho al Futuro de Axel Kicillof. En sus redes sociales escribió un texto que, ojalá, todos los peronistas de Chubut lean.
LOS FALSOS PROFETAS Y LOS FALSOS DIRIGENTES
Cuando la ambición personal se disfraza de lealtad al pueblo
Compañeros y compañeras:
Hace más de dos mil años, Jesús nos dejó una advertencia que sigue vigente: «Cuídense de los falsos profetas».
Eran aquellos que hablaban en nombre de Dios, pero perseguían sus propios intereses. Prometían salvación, pero buscaban poder.
Y Jesús nos dejó una enseñanza que también podemos aplicar a la política:
«Por sus frutos los conoceréis». Mateo 7:16.
Los tiempos cambiaron, pero las ambiciones humanas siguen siendo las mismas.
Hoy también encontramos dirigentes que hablan de unidad, pero solamente cuando les garantiza un lugar. Que prometen renovación, pero nunca dan un paso al costado. Que hablan de democracia interna, pero deciden las candidaturas entre cuatro paredes.
Y que solamente recuerdan a la militancia cuando necesitan llenar un acto, repartir una boleta o conseguir un voto.
Entonces debemos preguntarnos:
¿Están construyendo un proyecto para el pueblo o están utilizando al pueblo para construir sus propios proyectos?
Compañeros:
El peronismo nació para darles voz a los trabajadores y a los humildes. No nació para garantizar cargos eternos ni para que unos pocos se repartan las candidaturas.
Por eso debemos recuperar un principio fundamental:
Primero el proyecto político. Después los candidatos.
Porque cuando la ambición personal se antepone al proyecto, la militancia deja de ser protagonista y se convierte en una herramienta electoral.
El compañero deja de ser escuchado y comienza a ser contado. Ya no importa lo que piensa, sino cuántos votos aporta.
Y eso no es construir desde abajo.
El profeta Ezequiel denunció a los pastores que se alimentaban a sí mismos mientras abandonaban a sus ovejas.
¡Qué semejanza con ciertas prácticas de la política!
Porque el problema no es querer conducir. El problema es querer conducir sin escuchar, representar sin consultar y permanecer sin rendir cuentas.
Y tampoco debemos confundir lealtad con obediencia.
La lealtad no se exige, se merece. La autoridad no se impone, se gana. Y la representación no se hereda, se construye.
Ser leal no significa callar frente a los errores ni acompañar decisiones tomadas a espaldas de la militancia.
Ningún dirigente es dueño del movimiento, de los votos ni de la voluntad de sus compañeros.
Hay una diferencia fundamental entre construir poder para transformar la realidad y utilizar la política para conservar privilegios.
El verdadero dirigente forma nuevos dirigentes; quien solamente busca conservar su lugar puede verlos como una amenaza.
Uno piensa en las próximas generaciones. El otro, solamente en las próximas elecciones.
Por eso, recuperar el peronismo no puede significar simplemente cambiar nombres.
Tenemos que discutir qué provincia queremos, cómo generar trabajo, desarrollar nuestra producción, defender nuestros recursos y construir oportunidades para nuestros hijos.
Y después, con participación de la militancia, elegir democráticamente a quienes deban conducir ese proyecto.
Compañeros:
Jesús dijo: «Por sus frutos los conoceréis».
No juzguemos solamente por lo que prometen. Preguntemos qué hicieron.
No juzguemos por sus discursos de unidad. Preguntemos a quiénes permitieron participar.
No juzguemos por sus declaraciones de lealtad. Preguntemos si fueron leales a sus principios y a la palabra empeñada.
Porque una bandera puede servir para defender una causa, pero también para esconder una ambición.
Quiero terminar con una reflexión:
Los falsos profetas buscaban que el pueblo creyera en ellos. Los verdaderos profetas buscaban que el pueblo permaneciera fiel a sus principios.
En política debemos aprender a reconocer esa diferencia.
Porque el verdadero dirigente no es aquel que consigue que todos trabajen para él, sino aquel que logra que todos trabajen por un proyecto que los trascienda.
¡Que nunca sea más importante salvar a un dirigente que defender el destino de nuestro pueblo!
Muchas gracias.
Luis Catalán.
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