LA PESCA ESTUDIA: ARRANCA LA TERMINALIDAD EDUCATIVA PARA TRABAJADORES DEL SECTOR PESQUERO

by | Publicado el 12 de septiembre del 2026 | Ahora, Destacados, FRASES, Pesca, Puerto Madryn

Esta semana comenzó en Puerto Madryn una nueva etapa del Dispositivo de Acompañamiento a la Terminalidad Educativa del sector pesquero. El proyecto sigue tejiendo una red que reúne al sector empresarial, sindical, educativo y académico detrás de un mismo objetivo: que ninguna característica del trabajo en la pesca sea, para nadie, un impedimento para completar la educación obligatoria.

Puerto Madryn amaneció esta semana con una noticia que combina dos mundos que no siempre se cruzan: el de las plantas pesqueras y el de las aulas. El Dispositivo de Acompañamiento a la Terminalidad Educativa, impulsado por el Observatorio del Sistema Pesquero Argentino (OSPA) y la Cámara de la Industria Pesquera (CAPIP), sumó esta vez al Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación (STIA) y a las empresas San Isidro, Iberconsa, Argenova y Estrella Patagónica (EPSA) para dar un paso que faltaba: llegar a quienes ni siquiera pudieron completar la escuela primaria.

De la secundaria a la primaria

El programa ya venía trabajando durante este año con la terminalidad del nivel secundario entre marineros y trabajadores de plantas pesqueras. Pero había un sector que, por distintas circunstancias personales y laborales, había quedado con una deuda pendiente aún más básica: no haber terminado ni siquiera el primario. Esa brecha es la que ahora busca cerrarse, gracias a una articulación directa con el Ministerio de Educación de la provincia de Chubut.

La experiencia piloto arrancó con trabajadores de plantas pesqueras de Puerto Madryn, organizados en grupos pensados para aprovechar mejor los recursos docentes disponibles. La herramienta pedagógica que se utiliza no es nueva: la Educación Permanente de Jóvenes y Adultos de Chubut cuenta con un dispositivo llamado “Saberes en diálogo: reconocimiento y acreditación de saberes”, diseñado especialmente para el nivel primario.

No arrancar de cero

La propuesta parte de una idea central: un trabajador adulto no tiene por qué volver a sentarse en el banco de la escuela como si no supiera nada. El camino elegido es, en cambio, el del reconocimiento y la acreditación de saberes, es decir, poner en valor los conocimientos y capacidades que esa persona construyó a lo largo de años de vida y de trabajo, dentro y fuera del aula.

Porque quien lleva años trabajando en una planta pesquera —o embarcado— no llega con las manos vacías: resuelve problemas todos los días, calcula, organiza tiempos y cantidades, interpreta instrucciones, maneja herramientas, se comunica con sus compañeros y toma decisiones todo el tiempo. Acreditar saberes, entonces, significa reconocer ese bagaje y conectarlo con los contenidos que hay que certificar para completar el nivel. No es bajar la vara: es buscar otras formas de enseñar y de evaluar, más adecuadas a la experiencia y a la vida de una persona adulta.

En el caso puntual de los trabajadores de la pesca, esto habilita algo interesante: que ciertos contenidos se trabajen a partir de situaciones tomadas de su propia realidad laboral, transformando la experiencia cotidiana en punto de partida para aprender.

Cuando la escuela entra a la planta

Uno de los aspectos que más destacan desde OSPA, CAPIP, el STIA y las empresas es otro: el fortalecimiento del vínculo entre el sistema educativo y el mundo del trabajo. Y ese vínculo se hizo visible este viernes, cuando la experiencia llegó hasta la planta Greciamar, del Grupo San Isidro, en Puerto Madryn.

Allí, la docente a cargo del proceso no esperó a sus estudiantes en un aula: fue ella quien se acercó al lugar de trabajo, recorrió los espacios donde se desarrollan las tareas diarias y se empapó de las dinámicas propias de una planta pesquera. No se trató de una visita protocolar, sino de una parte más del propio proceso educativo: conocer dónde y cómo trabajan los estudiantes permite identificar los saberes que ponen en juego cada día y diseñar estrategias pedagógicas ligadas a esas experiencias concretas.

La apuesta es construir propuestas cada vez más “situadas”, donde la docente conozca a fondo quiénes son sus estudiantes, cómo trabajan, qué saberes utilizan a diario y cuáles son las particularidades de una actividad marcada por horarios, turnos y ritmos que muchas veces no coinciden con los tiempos de la educación tradicional.

Una red que sigue creciendo

El resultado de este movimiento es doble: mientras los trabajadores recuperan y acreditan saberes para avanzar hacia la finalización de sus estudios primarios, la escuela misma se corre de lugar y va a buscarlos, a sus trayectorias y a sus espacios de trabajo.

Esa lógica resume uno de los principios que guían al dispositivo desde su creación: no exigirle únicamente al trabajador que se amolde al sistema educativo, sino construir también las condiciones para que la educación se adapte a las particularidades reales del trabajo pesquero.

Con la incorporación del nivel primario, el proyecto sigue tejiendo una red que reúne al sector empresarial, sindical, educativo y académico detrás de un mismo objetivo: que ninguna característica del trabajo en la pesca sea, para nadie, un impedimento para completar la educación obligatoria.