En Puerto Madryn, el pescado y los mariscos de exportación ya no son solo para el exterior: productos premium, congelados al instante para conservar todo el sabor y la frescura del mar, a precio accesible gracias a una iniciativa del Grupo San Isidro y su marca propia Mare Magno.
El Grupo San Isidro, una de las principales empresas pesqueras de la Patagonia argentina, lanzó una propuesta que rompe con la lógica tradicional del sector: llevar productos premium de exportación —los mismos que se consumen en mercados como Japón, Estados Unidos o España— directamente a los consumidores de Puerto Madryn a precios que cubren apenas costos, sin márgenes de ganancia.
En una entrevista radial, Damián Santos, referente del grupo empresarial, explicó el origen y los alcances de esta iniciativa que ya genera impacto en la ciudad. “La demanda vino de la gente de Madryn, de los amigos, de los vecinos que siempre decían que lo mejor se va afuera y acá queda lo malo o a mal precio”, relató Santos. Así nació Mare Magno, una marca propia que incluye langostinos pelados y desvenados, pez gallo sin espinas, merluza y otras especies procesadas íntegramente por la empresa —desde la captura/crianza hasta el procesamiento y comercialización— y vendidas exclusivamente en puntos locales como el supermercado Hola’s en el barrio sur de la ciudad.
El directivo destacó que el objetivo no es lucrativo en términos estrictos: “No es algo que convenga económicamente, ni siquiera deja ganancia hoy. Lo vemos desde la responsabilidad social”. Santos subrayó que el proyecto responde a un problema histórico en Argentina: la deficiente cadena de frío y distribución que hace que el pescado y mariscos lleguen en malas condiciones al consumidor final, generando rechazo por olores o mala calidad.
“Muchos asocian el marisco a algo que huele mal, pero la realidad es que uno debería poder abrir la heladera sin que huela nada y llevarse un producto impecable”, afirmó.
Los productos Mare Magno se presentan en bolsas con cierre hermético (ziploc), lo que permite extraer porciones y conservar el resto en freezer sin pérdida de calidad ni propagación de olores. Tras un período de investigación y desarrollo, la empresa logró un formato que satisface a los clientes:
“Me escriben muchísima gente diciendo que por fin pueden consumir en la ciudad donde se produce tanto un producto de primera calidad”, contó Santos.
La iniciativa también busca revertir el bajo consumo de pescado y mariscos en el país comparado con el resto del mundo. “No es que el consumidor no quiere el producto, al contrario. Hoy las proteínas sanas con omega-3 son muy buscadas, y la gente consume dos o tres veces por semana lo que antes no probaba”, explicó. Ejemplos concretos: familias que por primera vez cocinaron pez gallo para sus hijos, o langostinos listos para usar sin necesidad de preparación compleja.
Mirando al futuro, el grupo analiza cómo escalar la propuesta sin comprometer estándares. “Tuvimos ofertas de grandes supermercados de Buenos Aires para comprar la marca o distribuir, pero estamos estudiando tener nuestra propia logística y heladeras para garantizar que la calidad llegue intacta al consumidor final”, adelantó Santos. El desafío radica en la cadena de valor: transporte, almacenamiento y distribución, factores que históricamente han limitado el acceso a productos frescos de alta calidad.
Esta movida se enmarca en una visión más amplia de responsabilidad empresarial del Grupo San Isidro. En la misma entrevista, Santos celebró otros proyectos como el plan de terminalidad educativa secundaria para trabajadores del mar (en alianza con el Observatorio de Pesca y empresas como Iberconsa), que ya se busca expandir a toda la provincia, y el éxito del segundo Foro Pescar en Puerto Madryn, convertido en un espacio de referencia nacional para debatir la agenda pesquera con participación de Nación, sindicatos, empresas y organismos internacionales.
“Es parte de entender las empresas desde otro lugar. Hay una generación de dirigentes muy involucrada en estos temas”, cerró Santos.
En tiempos donde el “defendamos lo nuestro” resuena con fuerza en Chubut, iniciativas como Mare Magno demuestran que es posible unir producción de excelencia con acceso democrático, y que la pesca patagónica puede ser sinónimo no solo de divisas, sino también de soberanía alimentaria local.
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